Efectos del cambio del sistema de carga en el contrato de recogida de basuras.

El pliego técnico dice que “Se apuesta por la introducción del sistema de carga lateral mono-operado para la práctica totalidad del Concello”, sin más explicaciones y sin justificar la rentabilidad de la inversión necesaria en maquinaria y equipamiento, que asciende a 3,4 millones de euros (a amortizar en los 10 años de contrato propuestos). Analizamos a continuación las implicaciones funcionales de los cambios en el sistema de recogida:

  • Mano de obra: No se reduce la necesidad de la mano de obra porque, aunque en el camión de carga lateral sólo va el conductor, requiere de otra persona que, con un coche auxiliar, va delante recogiendo bolsas de residuos depositadas fuera de los contenedores y apartando posibles objetos que impidan operar al camión; persona que antes hacía lo mismo, pero iba con el camión, y que también acercaba los contenedores para su descarga.
  • Tiempos de recogida y recorrido: son mayores con la carga lateral, pues los camiones de carga trasera con la ayuda del peón son más rápidos.
  • Accesibilidad: según el tipo de contenedor, suelen ser de apertura más simple y accesible.
  • Ruido: se reduce ya que los contenedores no se arrastran por el suelo y el camión suele ser más silencioso.
  • Contenedores: permite contenedores de mayor capacidad, lo cual sólo supone una ventaja en lugares de alto volumen de residuos (muchas viviendas juntas) y que actualmente exigen de varios contenedores iguales para dar cabida a todos los residuos entre recogidas. No obstante, el hecho de emplear contenedores de mayor capacidad no debería de implicar una disminución significativa del número de puntos de recogida, ya que se trata de ofrecer un servicio cercano al ciudadano.
  • Puntos de recogida: se reducen para la fracción resto al 63 % y al 60% el de envases, fijando la condición de que los usuarios no deban andar más de 100 metros hasta el más cercano. Esta reducción puede estar parcialmente justificada por la eliminación de contenedores duplicados en un mismo punto de recogida debido a su menor tamaño, pero difícilmente se explica una bajada del 37%. Los puntos de recogida selectiva ya son escasos actualmente frente a la fracción resto (43% envases, 15% papel/cartón y 12% vidrio), lo cual provoca protestas y desincentiva al reciclaje, y, en lugar de aumentar, va a sufrir una fuerte reducción (40%) para los envases, algo que no va a contribuir a alcanzar los objetivos fijados por la legislación.
  • Frecuencias de recogida: Las variaciones destacadas son una reducción al 50% en la fracción resto de la zona urbana, manteniéndose aproximadamente igual en las restantes zonas y, en consecuencia, se prevé un posible incremento de los malos olores (al pasar a recoger cada dos días en lugar de diariamente) y de reboses, pues la frecuencia se reduce a la mitad pero la capacidad de los contenedores no se duplica sino que crece sólo en un 66 %. En las recogidas selectivas aumenta, excepto en la zona rural que se reduce a la mitad sin justificación conocida, se duplica en la zona urbana y triplica en la semiurbana y polígonos, aunque no parece que ofrezca ninguna ventaja práctica dado que las capacidades también se incrementan y estos materiales no suelen generar olores u otras molestias como la fracción resto; es más, podría verse como un gasto innecesario de recursos y combustible.

A la vista de lo expuesto, podemos concluir que las únicas ventajas significativas de la propuesta son una cierta mejora en la accesibilidad y la disminución del ruido en la recogida, mejoras que no justifican los sobre costes que conlleva el cambio.

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